Abril Rojo
Septiembre 11, 2006
Autor: Santiago Rocangliolo
Editorial: Alfaguara
Mi historia con este libro empieza por accidente, como con casi todos. Un regalo de cumpleaños repetido (El Pintor de Batallas, de Pérez-Reverte) y el consiguiente cambio por otro regalo (como no, un libro). Aunque Abril Rojo era uno de esos libros que tenía en el punto de mira y no me decidía a comprarlo.

Desde mi punto de vista, es una novela que merece mucho la pena por tres motivos principales: la intriga policial desarrollada, la descripción del ambiente político-socio-cultural de la época (año 2000) y, sobre todo y por encima de todo, el personaje.
Del primero, la intriga, aunque previsible en algunos pasajes del libro, siempre existe una rendija por la que escapa a nuestro control y nos sorprende con un giro imprevisto, con una pista nueva o con una situación impensable. El autor consigue guiar al lector por el camino que él ha marcado consiguiendo mantener en todo momento ese punto de interés que hace que, por muchas vueltas que de la historia, por muchos pasos hacia atrás que retroceda la trama, al final hay una ruptura hacia adelante.
Sobre la ambientación de la novela, ésta se desarrolla en el Perú del 2000, y más concretamente en la ciudad de Ayacucho, cuna de la emancipación que tanto hemos estudiado de pequeños. Un Perú con Fujimori en la presidencia, con la sombra de Sendero Luminoso planeando por las calle, de la guerra civil que había asolado esa tierra y a sus gentes desde 1980 hasta bien entrados los 90. Un Perú que empieza a preguntarse por lo que ha pasado durante esos años pero en el que nadie se atreve a confesar sus inquietuds con el vecino. Una zona controlada por el ejército y la policía. Una tierra con una importante población indígena, jornalera, sostenedora de dos culturas, la impuesta y la suya.
En definitiva, una descripción del Perú de inicios de siglo que marca mucho la trama y al personaje.
Y sobre el personaje, sólo decir que me ha parecido uno de los personajes más sólidos que me he encontrado enlas últimos meses. La marcada personalidad del mismo, o mejor dicho, su marcada “no personalidad, hace de él único y sobre todo, muy real. El fiscal distrital adjunto Féliz Chacaltana Saldívar ni siquiera es un antihéroe porque no es. Es un personaje gris en toda esencia, el amigo al que llamamos por compromiso, al que nadie atiende en una fiesta, al que siempre ves caminando sólo. Un personaje ante el cual se van desmoronando, una tras otra, todas las verdades que habían constituido su vida. Un personaje al que superan sus propio miedos y dilemas. Rancio. Cobarde. Normal. Cotidiano.
Sólo por comprobar la evolución del mismo merece leer ésta novela, para mirarnos después en el espejo y preguntarnos qué parte de Chacaltana tenemos y cuál no.
Quizás el final de la obra, el desenlace, es prematuro. Quizás los hilos de unión entre los tres últimos capítulos son más ligeros y menos cuidados.
Pero estos “quizás” no restan interés al libro. ¿Opinais lo mismo?
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