Una Mujer en Berlín
Septiembre 12, 2006
Autor: Anónima
Editorial: Anagrama
Soy un entusiasta, un gran apasionado de la Historia. De hecho, el único motivo por el cual no me hice historiador fue por el eterno “te vas a morir de hambre” que mi madre me repitió durante el año que antecedía a la trascendente decisión de “qué es lo que quiero ser de mayor”.
No obstante, dicha pasión la sigo cultivando siempre que puedo y a veces, gracias a ella, descubro auténticas joyas como “Una Mujer en Berlín”.

Estamos acostumbrados a observar ciertos pasajes de la Historia desde un punto de vista cuasi romántico. Sobre todo, en aquello que concierne a la II Guerra Mundial. La lucha del Bien contra el Mal. Batallas de Héroes contra Villanos. Muy conscientemente, la literatura de postguerra, y sobre todo el cine, han conseguido inculcarnos un romanticismo bélico para con esa contienda que no han conseguido otras guerras posteriores.
Quienes esperen encontrar eso en éste libro están muy equivocados. No hay romanticismo en él, ni un ápice. Sólo hay realidad.
El prólogo, sin el cual no podríamos entender en toda su dimensión la obra, lo explica claramente. Es el diario de una mujer alemana durante las semanas anteriores y posteriores a la caída de Berlin en Mayo de 1945. De hecho, el relato transcurre entre Abril y Junio de ese año, mes en el cual se interrumpe bruscamente.
Y es que “brusco” es un adjetivo que encuadra a la perfección con el mensaje que lanza el libro. Al igual que “brutal”, “desgarrador”, “desesperanzador”, “irónico”…
La trama, el diario en sí, cuenta las peripecias que pasa la autora en el transcurso de esos meses. Una autora que nunca dice su nombre y que muy probablemente nunca lo sabremos porque, según el editor, falleció un año antes de que su obra viera la luz (por ese motivo fue editado, por su muerte) y él ha jurado guardar silencio.
El estilo frío de la narración sobrecoge el ánimo en cada página que pasamos. Resulta impresionante (y descorazonador a la vez) observar con que frialdad, dureza y sinceridad describe las situaciones más extremas y alejadas del feliz mundo en el que vivimos, como son el hambre, la muerte o las violaciones. Cómo, mientras los hombres se protegían en los refugios y se escondían para no ser encontrados, las mujeres estaban obligadas a salir a la calle para buscar alimento, estando expuestas a ser violadas en cualquier esquina. O cómo, según relata la autora, se veían obligadas a prostituirse para conseguir comida… con suerte, un oficial se encariñaba de ellas…
Por lo tanto, aqui no cabe hablar de personajes bien o mal contruídos, de individuos verosímiles, de trama argumental sólida, de recargos en la descripción de lugares o en la ambientación de la obra.
Todo ello queda a un lado para darnos cuenta que la guerra sigue siendo la guerra, monstruosa, horrible, sucia, capaz de sacar lo mejor y, casi siempre, lo peor de los hombres y las mujeres de se ven envueltos en ella. No hay espezanza en el libro, sólo restos de vida.
Desde mi punto de vista muy recomendable. Espero que os haya animado a acercaros a él con ganas de aparcar un rato el falso romanticismo de una contienda que arrasó Europa hace poco más de 60 años.
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